Monta una secta para follar y van los marcianos y se presentan
Olaf exige daños morales y perjuicios después de que unos extraterrestres oportunistas le fastidiasen el plan que ha estado maquinando durante año y medio para ir perdiendo la virginidad a los 36. «¿Usted sabe el curro que da montar una secta?», declaró a la prensa: «Rápate y viste como un majadero; empápate de ciencia-ficción; anúnciate en centros de medicina alternativa y restaurantes vegetarianos donde van las mocitas con rastas y de piel así como integral; ve exigiéndoles celibato hasta el momento del contacto mientras las ves paseando por el templo en un poncho hecho con menos tela que el tanga de la Barbie... Y por fin, el día del contacto, las haces subir a la cima de un monte, desnudas, y dispuestas a invocar a los extraterrestres copulando salvajemente con su maestro... ¡Y cuando ya estoy arma en mano y ante las piernas de Tannhäuser, van esos hijos de puta del planeta Rigodón y se presentan! ¡Si ni siquiera existe el planeta Rigodón! ¡Cabrones!»
El encuentro en la tercera fase y el principio de una alianza intergaláctica no compensan el chasco de Olaf. Mientras los extraterrestres, una vez embarcadas las fértiles hembras, le agradecían telepáticamente esa inestimable ayuda a la salvación de su cuasi-extinta especie, Olaf iba arrojando pedradas al platillo volante que se alejaba hacia el firmamento.
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