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El error genético del Tea Party


Familia estadounidense hacia 1930. Foto de austinevan
De un tiempo a esta parte, la política estadounidense se tiñe de un sentimiento patriótico en el que aparece como escala de valores lo genuinamente americano. Cerrada la puerta de la Administración Bush, el relevo corre ahora a cargo del Tea Party, grupo neoconservador que se reclama heredero de los valores tradicionales del país.
La cantinela no sería preocupante de no ser porque detrás de este tipo de reclamos subyace el valor de lo nuestro frente a lo de los demás; es decir, una suerte de supremacía sobre el resto.
Estos ciudadanos están básicamente convencidos de que el mejor conjunto de genes de los Estados Unidos eran los que poseían los primeros emigrantes, que por supuesto eran blancos anglosajones y protestantes (WAPS). Estos genes se habrían ido diluyendo al mezclarse con conjuntos inferiores, como italianos, griegos y negros, lo que habría provocado cierta decadencia. 
La tesis que defienden se basa en los estudios realizados por Goddard en 1912 sobre la transmisión hereditaria de los rasgos morales dentro de las familias. Su estudio más conocido se refiere a la familia Kallikak, formada por dos ramas del mismo progenitor común.
Martin Kallikak marchó a la Guerra de la Independencia. En su peregrinar por los campos de batalla mantuvo una relación con una cantinera emigrante; su descendiente fue un delincuente que, a su vez, procreó con otros de su ambiente, dando lugar a una saga de delincuentes y marginales sociales. Una vez terminada la contienda, regresó a su pueblo. Allí se casó con otra descendiente del Mayflowercomo él, y el árbol genealógico se pobló de ciudadanos ejemplares, hombres y mujeres de bien.
Sobre este tipo de argumentos descansan las doctrinas del Tea Party. Un siglo después de estos estudios sabemos que los rasgos morales no están codificados en los genes. Las técnicas genéticas modernas nos han demostrado que el plan genético de cada individuo es diferente, pero las afirmaciones acerca de la superioridad de un plan sobre otro no pertenecen a la ciencia. No hay factores genéticos que nos hagan superiores al resto.
Como dice Richard Lewontin: “Tenemos genes para la forma de nuestras cabezas, pero no hay genes para la forma de nuestras ideas”.
Referencia:
Kamin, L., Rose, S., Lewontin, R.C. No está en los genes. Editorial Crítica.

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